18 junio 2007

Que lástima, pero adios

Son las 2.30 de la noche hora japonesa y este es el último post que escribo desde Japón. De momento no se que pasará con el blog, tendré que buscar un nuevo cauce, pero mientras tanto solo puedo despedirme y agradecer. Despedirme de este país que ya considero como mío y que tanto me ha aportado durante estos últimos 15 meses, despedirme de su amabilidad, de su respeto, de su seguridad, de sus metros abarrotados en hora punta, de sus costumbres, comida y cultura (también tiene algunas cosas no tan buenas, pero la verdad que en este momento creo que mi cerebro no se quiere acordar de ninguna).

Agradecer a todas las personas que he conocido durante este año y pico tan increible de mi vida y que nunca olvidaré aunque quizás a muchas no vuelva a verlas. Primero agradecer a todas mis compañeras de la oficina lo bien que me han tratado y lo bien que me han enseñado, he tenidos muy buenas maestras de quien aprender como se debe trabajar, gracias a Yun, a Naoko y a Tomoko. Agradecer también a mi profe de japonés que haya sido más que una profesora y que haya tenido la paciencia de intentar que aprendiera algo de este idioma que tanto me gusta, gracias Tadenuma sensei. Gracias a todos los amigos que en parte han suplido la falta de mis amigos de Sevilla (y era difícil conseguirlo), gracias a Bea, a Pepe, a Olga, a Alex, a Naumi, a Yuki, a Clementine, a Patri, a Amparo, a Alfonso, a Chiqui, a Salva y sobre todo, si me lo permite el resto, a la persona por la que ha merecido la pena esta aventura y con la que he compartido la mejor parte de estos meses, Paz.

Y por supuesto gracias a todos los que por un motivo u otro me hayáis leído en algún momento.

Perdonarme por este momento discurso tipo Karina, pero realmente sentía la necesidad de dar las gracias porque me considero muy afortunado de haber vivido esta experiencia.

Hasta la próxima, sayonara.